La curva de aprendizaje

“Esto tiene una curva de aprendizaje muy alta” o “la curva de aprendizaje de esto es muy empinada”. Son expresiones que se han popularizado principalmente debido al aprendizaje de programas informáticos. ¿Qué significa realmente la curva de aprendizaje desde la perspectiva de un profesional de la docencia?

Desde una perspectiva constructivista del aprendizaje, la única que considero que tiene validez, el aprendizaje parece seguir una curva sigmoidea o también llamada curva logística. Una función relacionada con el crecimiento que se utiliza para comprender el aumento de tamaño de una población en un medio determinado y que nosotros hacemos similar al crecimiento del conocimiento sobre algún tema, por ejemplo el conocimiento sobre el manejo de una hoja de cálculo, como ocurre en el reciente curso de Investea para profesores.

Como vemos en el gráfico, podemos diferenciar en este proceso varias fases:

Las dos fases iniciales, la fase de latencia y la exponencial, son las partes que más nos interesan en este momento, puesto que son las que más afectan al aprendizaje de nuestros alumnos.

Como todos habremos comprobado, al entrar en contacto con un tema absolutamente nuevo para nosotros, el aprendizaje se hace enormemente lento, no hay nada sobre lo que construir, el conocimiento es tan escaso que apenas se manifiesta, aunque está empezando a construirse. Por eso un buen profesor será aquél que sea capaz de “crear puentes” entre el conocimiento que ya tiene el aprendiz y el conocimiento que quiere ayudar a construir. Pero un buen estudiante será aquél que “no se desespere y abandone” a la primera de cambio ante un conocimiento que, de momento, no comprende. 

Hay varios factores relevantes en este primer período de un aprendizaje: 

1.- Lo que ya se sabe y la consiguiente capacidad de establecer relaciones entre lo que ya se sabe y lo que hay que aprender. En mis cursos de Investea, por ejemplo el de hoja de cálculo que está a punto de concluir, detecto enseguida a los que tienen experiencia previa en informática, aunque no tengan ninguna en hoja de cálculo, porque la fase de latencia para ellos es inexistente. Como el curso está diseñado con una perspectiva constructivista, es fundamental que los que no saben nada de hoja de cálculo, adquieran enseguida los pilares básicos que les permitan empezar a construir y llegar rápidamente a la fase de crecimiento exponencial.

 2.- La dificultad intrínseca del conocimiento que se está impartiendo. Dificultad que está fortísimamente relacionada con los conocimientos previos o con conocimientos que se puedan utilizar mediante analogías o ejemplos. Una persona que no sepa nada de hoja de cálculo pero sepa manejar con soltura un procesador de texto, tendrá mucho más fácil superar esta primera fase. Recurrimos de nuevo a la perspectiva constructivista de que “lo más importante es lo que el alumno ya sabe“. Una persona que conozca bien su idioma o que sea bilingüe, siempre tiene más fácil empezar con un idioma nuevo.

3. El papel de los errores conceptuales o ideas previas alternativas. Si resulta que el alumno tiene asentadas ideas erróneas que le impiden establecer una buena relación con el conocimiento, este se verá frenado cuando no impedido. Es importante señalar que estas “misconceptions”, como se llaman en la literatura científica, está presentes no sólo respecto al conocimiento a adquirir sino que pueden referirse a la forma de cómo adquirir ese conocimiento (por ejemplo creyendo que la memoria lo es todo). Ni que decir que el papel del profesor aquí es fundamental y debería ser capaz de proponer ejemplos que sirvan como contraargumentos, antes de poder llegar más lejos

En la segunda fase es cuando se produce el aprendizaje más visible, es una fase de crecimiento exponencial, cada vez más acelerado. Como el alumno ya tiene algunos conocimientos, lo nuevo se relaciona fácilmente con lo que ya se conoce, con lo que los conocimientos aumentan rápidamente. El buen profesor en esta fase es el que es capaz de aportar nuevos conocimientos de manera que el alumno se vea estimulado a aprenderlos. Lo que implica, nuevamente, dotarlos de significado mediante la relación con lo que ya se conoce. La mayor parte de la práctica docente se produce en esta fase, o al menos así debería ser por el carácter de progresividad que se supone tiene los currículos.

En la tercera fase, a la que por similitud con la ecología hemos denominado de “aproximación a la capacidad de carga”, los conocimientos básicos está ya  asentados y el conocimiento se desarrolla mediante el uso de ese conocimiento en diferentes situaciones y contextos. En una hoja de cálculo supondría hacer uso de ella para calcular nuestras notas, llevar las cuentas de casa, hacer gráficas para mostrar algún fenómeno, etc. Esta utilización conlleva el aprendizaje de nuevas posibilidades y características del tema de estudio. En un aprendizaje de idiomas, el estudiante sería capaz de comunicarse en el otro idioma, cada vez con más soltura y con más vocabulario y mejores expresiones. El buen profesor, en esta fase, proporciona ejemplos y oportunidades de utilizar el conocimiento en el desarrollo de nuevas capacidades

Pero claro, no se puede aprender indefinidamente sobre algo. Llega un momento que no es que “lo sepamos ya todo”, es que ya no sentimos deseo de profundizar más. Probablemente lo que diferencia al verdadero experto del que sólo se aproxima, es precisamente ese impulso para superar esta fase, para seguir profundizando cuando ya no se siente la necesidad imperiosa de saber más a cualquier precio. Las carreras universitarias y los estudios de postgrado inciden, o deberían hacerlo, en el aprendizaje durante esta fase.

Para finalizar, aclarar que no vamos a tratar aquí de la existencia de sucesivas curvas de aprendizaje de este tipo, aunque existen en muchos casos, sobre todo en el conocimiento científico, correspondiéndose con la aparición de nuevos paradigmas. Pero eso lo dejamos para otro día.

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